
Es destacable el servicio, amable, atento, paciente, sonriente! quizás sea el punto más alto de la experiencia en este sitio.
La pizza en sí, a pesar de las combinaciones fashion de ingredientes, tienen un punto de amala u odiala: son muy finitas, casi como una galletita express, en exceso crocantes, lo cual genera en los comensales una lucha encarnizada con los cubiertos que termina mal... resignados, se los ve a todos comiendo con las manos, incómodos porque esto no es New York y nosotros no tenemos la costumbre de comer de ese modo. Luego, sobreviene el otro gran inconveniente: se pida lo que se pida, la pizza sobra, porque si bien finita, es un disco gigante. Entonces te la envuelven, vos te la llevás y la terminás tirando porque es imposible de calentar, imposible de comer fría, imposible de todo... una pena.
Pedimos la super famosa de la casa (rúcula y jamón crudo alrededor de $100) estaba bien en cuanto llegó. También pedimos una pizzeta de jamón que venía en el menú infantil, con los mismos problemas que la grande, aunque sabrosa. Gastamos alrededor de $200 que para un matrimonio y una nena es muchisimo. (en El Cuartito comen 5 por la misma plata, con muchísima más muzzarella a favor del comensal)
La carta tiene muchas promociones, estudiarlas antes de pedir!!
Una cosa tremenda: como el local es pequeño y aprovecharon hasta el último centímetro, en pleno invierno, los clientes esperan en la vereda para ser atendidos.
Mi puntaje: 7
Frente al parque Rivadavia y sucursales, buscarlas en la net.
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