Bueno, ahora les vengo con el cuento de otro local histórico y maravilloso, que queda en la misma cuadra, con el sol bañando la vidriera y montones de personas apretadas dentro. En 1908, un alemán llamado Joel Russ, consigue casarse y en 1914 luego de tener a las 3 hijas del título, pone su primer tienda de abarrotes, que incluye salmones y arenques salados y curados de diferentes modos y procedencias. Es tal el éxito que con los años, se dedica casi en exclusividad a dicho producto. Las pequeñas Russ ayudan en el negocio luego del colegio y los fines de semana.
El local es pequeño, no tiene ninguna mesa, pero sí 2 mostradores y un par de bancos en la vereda. De un lado, se expende el salmón, del otro, productos típicos de la confitería tradicional, como el Halva, y fruta en conserva.
La espera es mucha, pero la atención es amable, y paciente. El sistema es más o menos así: después de sacar números y esperar mucho, te toca tu turno entonces elegís un pan, (bagel casi con seguridad) luego uno de los más o menos 8 salmones que están disponibles para sándwich, te lo filetean pacientemente en el momento directamente de la penca, complementás con un buen creamcheese (también a elección) y pagás la suma de esos 3 productos. Simple.
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